Desde mi taller en Carabanchel, Madrid, desarrollo una práctica de cerámica contemporánea centrada en la investigación matérica y en las relaciones entre cuerpo, territorio y memoria. Trabajo con arcillas locales que recojo y transformo en mis propias pastas cerámicas, entendiendo este proceso como una forma de deriva y escucha del paisaje. Mi trabajo parte de la intuición de que naturaleza y ser forman parte de un mismo tejido vivo, en constante transformación. Incorporo materiales encontrados —metales reciclados, restos urbanos y elementos naturales— como huellas de los procesos geológicos y cotidianos que atraviesan el entorno. Elaboro también esmaltes a partir de recursos naturales y fórmulas experimentales, concibiendo el taller como un espacio de observación donde la materia conserva y revela información. Cada pieza surge del diálogo entre intención y comportamiento material, entre control e incertidumbre, permitiendo que los procesos alquímicos de la cocción participen activamente en la construcción de la obra. Mi práctica se sitúa entre lo geológico, lo arqueológico y lo afectivo, atendiendo a aquello que permanece bajo la superficie: memorias subterráneas, restos, sedimentos y relatos vinculados al territorio. Entiendo la cerámica como una forma de lectura sensible del entorno y como una herramienta para pensar las relaciones entre lo humano y lo más-que-humano desde la escucha, la coexistencia y el cuidado